Charla en Pamplona

Escrito el 28 de Noviembre de 2009 a las 13:13 

Ayer viernes dí una charla-desayuno en Pamplona invitado por mis clientes y a pesar de ello amigos de Biko2 ;-) . Asistieron mayoritariamente gestores de IT de empresas como (así de memoria), Caja Navarra, Microsoft CEIN, Aranzadi, Tracasa y representantes del Gobierno de Navarra y el Gobierno Vasco (por cierto, gracias a los que vinísteis de lejos).

Visto lo visto en twitter, y sin falsas modestias, parece que oficialmente lo hemos petado :-D :

Como había poco tiempo, organizamos la charla en sprints, de más prioritario a menos, y lamentablemente no nos dio tiempo a arrancar el sprint 3 (contratos). Para los que os quedásteis con las ganas, tenéis la presentación completa de contratos en Slideshare y la charla de Autentia grabada en video aquí y aquí.

La presentación que usamos ayer en Pamplona fue esta (es un poco refrito de las que ya conocéis los que seguís mis pobre-poings, pero bueno… Tendré que empezar a renovar un poco el repertorio para los habituales :-D :-D ):

Equipos o cirujanos

Escrito el 25 de Noviembre de 2009 a las 11:16 

Me encuentro ultimamente con algunas organizaciones que han ido creciendo desde equipos pequeños de personas y, conforme han ido añadiendo miembros al área de desarrollo, han ido evolucionando hacia un modelo de un proyecto - una persona. Se trata (espero) de una adaptación del “paradigma del cirujano estrella” publicado por IBM en los 60-70, en el marco del desarrollo de OS360 (¿alguien ha leido The Mythical Man Month? ;-) ). Según este modelo, los proyectos más productivos que IBM había detectado eran aquellos en los que existía un “cirujano estrella” que tenía en su mente la arquitectura y el diseño y realizaba toda la programación rodeado por un equipo de ayudantes (documentadores, testers, administradores…). Según las mediciones de IBM, un programador estrella aportaba 10 veces la productividad de un programador medio. Pilar Jericó, en “Gestión del Talento” (citada por Juan Palacio en su libro, si no recuerdo mal) va más lejos y afirma que en el mundo tecnológico los mejores lo hacen entre 50 y 100 veces mejor que la media, y la cifra aumenta conforme la tecnología se hace más compleja.

Monos y máquinas de escribir, vaya. Quien no se crea estas cifras, que meta a 100 programadores promedio en una sala y a Alan Cox en la otra, y a ver quién termina antes con la pila TCP-IP del núcleo de Linux :-D .

Pero antes de que despidáis a toda vuestra plantilla de programadores promedio (a mi entre ellos, jejejeje) y salgais al mercado a buscar programadores estrella, preguntaos por qué el modelo fue abandonado.

Even though, que dicen los ingleses: suponiendo que el modelo sea válido en todos los casos, el problema es que lo que me suelo encontrar en las empresas con las que trabajo son programadores my buenos, estupendos, con talento… Pero seamos francos y humildes: no somos Alan Cox :-( .

Así que ya tenemos el primer problema de este modelo: encontrar a estas “estrellas” que hacen de todo, que son capaces de enfrentarse a todo tipo de proyectos y productos. Y pagarles. Y fidelizarles. Y que no se conviertan en “Prima Donnas” tecnológicas a la primera de cambio.

Pero incluso obviando el tema de las estrellas, el enfoque de un proyecto - una persona (a veces en relación muchos a uno, jejeje) tiene una serie de problemas considerables, que es por lo que en Agile consideramos los equipos como los bloques de construcción básicos de proyectos, procesos y empresas. Y ojo, que un conjunto de personas que se sientan juntas no es lo mismo que un equipo. Un equipo es una forma de pensar ante todo, y el espacio que comparten no puede ser únicamente físico.

A lo que ibamos, que parezco una abuela divagando. Problemas del enfoque de un proyecto - una persona:

Y se me ocurren varias más, pero entonces este artículo se haría insufrible. ¿Como lo véis vosotros?

Releyendo a los clásicos

Escrito el 24 de Noviembre de 2009 a las 10:43 

La perspectiva de los años siempre aporta nuevas lecturas a los buenos libros. Incluso si son pocos años, si han sido intensos aportarán matices, vivencias, experiencias, nuevos paradigmas… Al final, nosotros leemos los libros, pero de alguna forma, como dice Terry Pratchett, el libro también nos lee a nosotros. A veces es como encontrarse con un viejo amigo: las cosas no son las mismas, y probablemente no sientas esa conexión tan profunda e intensa que había hace tiempo, pero también nos sirve para vernos de alguna manera reflejados en el espejo de su perspectiva y para comprobar que, a pesar de todo, las raices siguen ahí, y que siempre puedes contar con esa persona (ese libro, en este caso).

Por eso me está encantando releer a mi gurú de los recursos humanos, Ricardo Semler, a quien leí antes de hacerme empresario. Mucha gente que ha ojeado “Radical” tiene la visión de que Semler predica el “flower power” de anarquía y cerveza fría, de paz, amor y el plus p’al salón. Sin departamento de recursos humanos, sin controles, sin reglas…Lógico. Uno es empleado y lee solo la parte que conviene al empleado. En Scrum por ejemplo (para mi audiencia Agilista, jejejeje ;-) ) esto sería “el Dueño de Producto no puede intervenir en el Sprint“, pero luego no aceptar compromisos, no dar estimaciones, no reportar diariamente, no mejorar la velocidad…).

Que no. Que no, hombre, que no. Que no os estáis leyendo toda la historia. Repasad. Concretamente, algunos pasajes de “El fin de semana de siete días”:

Al final, todo se reduce a la actitud. Semler lo resume con un ejemplo: “la mujer de la limpieza de Semco (la empresa de Semler) es tan importante como el más alto de los ejecutivos. ¿Por qué? Cuando el consejero delegado de nuestra fábrica de balanzas digitales le preguntó cuál era su trabajo, la limpiadora contestó sin dudarlo ‘fabrico balanzas’”. Mientras ni entendáis esto, queridos, ya podéis chillar, patalear, quejaros, llorar y culpar a la economía, al sector, a los clientes, a los jefes, a la vida, al tiempo, al espacio y al sum sum corda. Y sobre todo, yo no puedo explicaros lo que es Matrix: lo tenéis que ver por vosotros mismos.

Píldora roja, chicos. Píldora roja.

¿Quién dirige y quién paga?

Escrito el 20 de Noviembre de 2009 a las 19:57 

El cliente, of course. Fin del artículo, estoy muy liado.

Bueeeeeeno, vaaaaale, es verdad, llevo un montón de tiempo sin escribir, vamos a darle un mínimo de literatura.

La cosa surge hace unas semanas en un proyecto con un cliente en el que estoy proponiendo, como ya he hecho con éxito en otros muchos sitios, montar una tarde de viernes de cada dos como “tarde de laboratorio”. La idea no es mía directamente, la tomo prestada de Henrik Kniberg, y como está en Internet a disposición del respetable sería tontería guardármela en plan “secreto de empresa” o “know how”. Ala, el que quiera ya puede ponerse a ello, que el mercado es de todos. Arrieritos somos :-D .

Suponiendo una tarde cada dos semanas, la inversión total de I+D de la compañía estaría por debajo del 5%, algo que considero peligrosamente bajo en una empresa que depende fundamentalmente del capital humano y del conocimiento y capacidad de sus desarrolladores, pero por algo hay que empezar. Total, que el cliente a priori acepta bien la idea, pero hay una cosa que no acaba de ver claro. ¿Cómo le dice al cliente (al suyo) que los desarrolladores no están a piñón con el proyecto, que están “jugando” en el laboratorio?

Ahí es donde yo me quedo a cuadros claro. Quien me conoce sabe que no creo que los desarrolladores puedan sacar más de seis horas buenas-buenas de programación al día, y eso defendiéndolos a saco de interrupciones y context-switching. Lo que nos deja dos horas al día para slack (relajación, desayuno, café, facebook, twitter, blog ;-) ), gestión del proyecto, actividades de la empresa (informes, reuniones), I+D (incluiría la formación aquí) y, lo que hay que perseguir, gasto, el enemigo en Lean: re-trabajos, esperas, errores y mantenimientos, pérdidas de tiempo, procrastinación, charlitas de pasillo…

Todas esas cosas nadie las cuestiona. Se hacen. Cuando los desarrolladores reportan otra estupenda semana de 40 horas dedicadas al proyecto dormimos tranquilos, pero la verdad, la terrible verdad, es que muchas veces ni siquiera han salido 20 horas buenas en la semana. Que demonios, a veces no salen ni diez. Pero reportamos 40, el Jefe de Proyecto contento porque se factura y el cliente preocupado porque no entiende cómo leches después de 40 horas con el proyecto apenas tiene una pantallita de bienvenida a la aplicación. “Es que esto es muy complicado, Jefe”. Facturita al canto.

A lo que vamos: que podríamos ser honestos y, si cobramos 1.500 euros por consultor a la semana, reportar 20 horas a 1.500 euros. Pero entonces los chapuceros de nuestra competencia dicen que ellos son más baratos, que ellos cobran 1.500 euros por una semana de 40 horas. Sus consultores no desyunan, no van al baño, no asisten a reuniones, no responden correos, no leen en Internet, no tienen Facebook… O eso, o pasan 80 horas a la semana en la oficina, claro.

Y entonces somos poco competitivos. Así que subimos las horas y ponemos ese “100% de dedicación al proyecto” que al cliente le gusta tanto. Y todo el que ha estado en una consultora sabe que luego la gente está cargada al 200%, al 300%… Y lo que es peor: el cliente lo sabe también, pero hace como que no y baila el juego. Las cosas son así, siempre lo han sido.

Bueno, eso está bien para los que aun vivis en Matrix y dependéis del sistema tanto que matareis por defenderlo. Pero los renacidos en Sión, los que hemos estado en el otro extremo de la realidad, los que tenemos clientes con los que se puede colaborar, crecer y pasarlo bien… Nosotros vemos las cosas de otra forma.

Por lo pronto seguimos y asimilamos el dicho de Tom Peters : ¿Quién dirige la compañía? Los clientes. Los habitantes de Matrix oyen esto y dicen “el cliente quiere muchas horas gratis”, y crean una realidad en la que solo van a comprarles ese tipo de clientes. El que vaya a pedir un proyecto a una de las grandes “cárnicas” ya sabe a lo que va. Pero el estado mayor de Sión se reune y cuelga en la web (en la más fea de la Internet, eso sí) un manifiesto en el que declaran que el cliente lo que quiere es producto funcional, adaptación a los cambios, colaboración y trato personal. Y eso es en lo que creemos.

¿Quién paga las horas de I+D? El cliente. ¿Quién paga la fiesta de la empresa? El cliente. ¿Quién paga las nóminas, incluyendo la de la limpiadora? El cliente. Todo lo que no sale puntualmente de una ampliación de capital o un préstamo es, tarde o temprano, pagado por el cliente. Costes de infraestructura, maldita sea, repercutidos directamente en el coste del producto o en la tarifa horaria. Lo que el cliente quiere no es saber cuanto gastamos en donuts. Quiere un producto cojonudo muy bueno, a muy buen precio y muy rápido. Y eso se consigue siendo muy bueno y muy rápido. Y a eso se llega desarrollándose y mejorando.

Y para poder ser competitivos está bien que intentemos reducir el gasto (Muda, en la terminología Lean) y que los costes de gestión sean lo más eficientes posibles. Pero ponerse a recortar en I+D, y más con los vientos que corren… Y encima usar para ello la excusa de que el cliente es lo que quiere… En fin, no puedes salvarlos a todos, Neo.

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