¿Quién dirige y quién paga?
Escrito el 20 de Noviembre de 2009 a las 19:57
El cliente, of course. Fin del artículo, estoy muy liado.
Bueeeeeeno, vaaaaale, es verdad, llevo un montón de tiempo sin escribir, vamos a darle un mínimo de literatura.
La cosa surge hace unas semanas en un proyecto con un cliente en el que estoy proponiendo, como ya he hecho con éxito en otros muchos sitios, montar una tarde de viernes de cada dos como “tarde de laboratorio”. La idea no es mía directamente, la tomo prestada de Henrik Kniberg, y como está en Internet a disposición del respetable sería tontería guardármela en plan “secreto de empresa” o “know how”. Ala, el que quiera ya puede ponerse a ello, que el mercado es de todos. Arrieritos somos
.
Suponiendo una tarde cada dos semanas, la inversión total de I+D de la compañía estaría por debajo del 5%, algo que considero peligrosamente bajo en una empresa que depende fundamentalmente del capital humano y del conocimiento y capacidad de sus desarrolladores, pero por algo hay que empezar. Total, que el cliente a priori acepta bien la idea, pero hay una cosa que no acaba de ver claro. ¿Cómo le dice al cliente (al suyo) que los desarrolladores no están a piñón con el proyecto, que están “jugando” en el laboratorio?
Ahí es donde yo me quedo a cuadros claro. Quien me conoce sabe que no creo que los desarrolladores puedan sacar más de seis horas buenas-buenas de programación al día, y eso defendiéndolos a saco de interrupciones y context-switching. Lo que nos deja dos horas al día para slack (relajación, desayuno, café, facebook, twitter, blog
), gestión del proyecto, actividades de la empresa (informes, reuniones), I+D (incluiría la formación aquí) y, lo que hay que perseguir, gasto, el enemigo en Lean: re-trabajos, esperas, errores y mantenimientos, pérdidas de tiempo, procrastinación, charlitas de pasillo…
Todas esas cosas nadie las cuestiona. Se hacen. Cuando los desarrolladores reportan otra estupenda semana de 40 horas dedicadas al proyecto dormimos tranquilos, pero la verdad, la terrible verdad, es que muchas veces ni siquiera han salido 20 horas buenas en la semana. Que demonios, a veces no salen ni diez. Pero reportamos 40, el Jefe de Proyecto contento porque se factura y el cliente preocupado porque no entiende cómo leches después de 40 horas con el proyecto apenas tiene una pantallita de bienvenida a la aplicación. “Es que esto es muy complicado, Jefe”. Facturita al canto.
A lo que vamos: que podríamos ser honestos y, si cobramos 1.500 euros por consultor a la semana, reportar 20 horas a 1.500 euros. Pero entonces los chapuceros de nuestra competencia dicen que ellos son más baratos, que ellos cobran 1.500 euros por una semana de 40 horas. Sus consultores no desyunan, no van al baño, no asisten a reuniones, no responden correos, no leen en Internet, no tienen Facebook… O eso, o pasan 80 horas a la semana en la oficina, claro.
Y entonces somos poco competitivos. Así que subimos las horas y ponemos ese “100% de dedicación al proyecto” que al cliente le gusta tanto. Y todo el que ha estado en una consultora sabe que luego la gente está cargada al 200%, al 300%… Y lo que es peor: el cliente lo sabe también, pero hace como que no y baila el juego. Las cosas son así, siempre lo han sido.
Bueno, eso está bien para los que aun vivis en Matrix y dependéis del sistema tanto que matareis por defenderlo. Pero los renacidos en Sión, los que hemos estado en el otro extremo de la realidad, los que tenemos clientes con los que se puede colaborar, crecer y pasarlo bien… Nosotros vemos las cosas de otra forma.
Por lo pronto seguimos y asimilamos el dicho de Tom Peters : ¿Quién dirige la compañía? Los clientes. Los habitantes de Matrix oyen esto y dicen “el cliente quiere muchas horas gratis”, y crean una realidad en la que solo van a comprarles ese tipo de clientes. El que vaya a pedir un proyecto a una de las grandes “cárnicas” ya sabe a lo que va. Pero el estado mayor de Sión se reune y cuelga en la web (en la más fea de la Internet, eso sí) un manifiesto en el que declaran que el cliente lo que quiere es producto funcional, adaptación a los cambios, colaboración y trato personal. Y eso es en lo que creemos.
¿Quién paga las horas de I+D? El cliente. ¿Quién paga la fiesta de la empresa? El cliente. ¿Quién paga las nóminas, incluyendo la de la limpiadora? El cliente. Todo lo que no sale puntualmente de una ampliación de capital o un préstamo es, tarde o temprano, pagado por el cliente. Costes de infraestructura, maldita sea, repercutidos directamente en el coste del producto o en la tarifa horaria. Lo que el cliente quiere no es saber cuanto gastamos en donuts. Quiere un producto cojonudo muy bueno, a muy buen precio y muy rápido. Y eso se consigue siendo muy bueno y muy rápido. Y a eso se llega desarrollándose y mejorando.
Y para poder ser competitivos está bien que intentemos reducir el gasto (Muda, en la terminología Lean) y que los costes de gestión sean lo más eficientes posibles. Pero ponerse a recortar en I+D, y más con los vientos que corren… Y encima usar para ello la excusa de que el cliente es lo que quiere… En fin, no puedes salvarlos a todos, Neo.
“Ya, pero…”
Escrito el 27 de Agosto de 2009 a las 9:21
Si alguno os habéis paseado por la calle con “La semana laboral de cuatro horas” de Tim Ferris, cuya portada reza “no es necesario trabajar más”, con bastante probabilidad alguien os habrá abordado para preguntaros en tono de incredulidad “¿es verdad eso?”. Ese es el problema de los que hemos cambiado el paradigma laboral: que vivimos fuera de Matrix y no podemos salvarlos a todos.
Aprovechando estos días de descanso y reflexión, y a pesar de que mi pila de lectura pendiente amenaza con desbordarse, me ha apetecido releerlo de nuevo y me lo he llevado a la playa. Una amiga me hizo la pregunta del millón - ¿Es eso verdad? Le contesto que sí, que hay gente que no necesita más de cuatro horas a la semana para gestionar sus activos, siempre que previamente hayas automatizado los procesos al máximo y hayas conseguido una gran disciplina tanto laboral como en la gestión de tu tiempo, pero que lógicamente hay que ir empezando con objetivos menos ambiciosos. Pone cara de incredulidad y me dice “ya, pero eso le vale al que es rico”. Le contesto que no. Que yo por ejemplo he reducido mi joranda laboral a una 30 horas semanales, y que algunas semanas (por ejemplo en Agosto, que el pais se paraliza) he estado cerca de las cuatro horas semanales, lo suficiente para responder algunos correos, cerrar algunas fechas, estudiar algún pliego y “maquear” alguna oferta precocinada desde la playa, todo siguiendo el principio de Semler de “todos aprendemos a llevarnos trabajo el viernes a casa, pero no a escaparnos al cine un miércoles por la mañana”.
Sigue poniendo cara de incredulidad. “ya, pero es que tú tienes una empresa…”. Le digo que evidentemente. Que siendo asalariado va a ser muy complicado implementar un cambio de ese calibre, pero que mucha gente ha conseguido acuerdos de teletrabajo o han cambiado su tipo de relación con su empleador para pasar a ser freelance, y si eso lo acompañas de una mejora de la productividad del 50 al 80% (algo que yo he conseguido en algunos clientes en pocos meses de trabajo) puedes hacer el mismo trabajo que vienes haciendo ahora mismo en 15 o 20 horas a la semana, dejándote el resto del tiempo libre para ir haciendo todas esas cosas que estás postergando porque “el trabajo no te deja” (que esa es otra de la que hablar largo y tendido). Que mucha gente monta una empresa y se encuentra esclavizado a jornadas de 16 horas y estress galopante. Pero que en cualquier caso el que algo quiere algo le cuesta.
“Ya, pero es que eso es muy complicado, y además hay muchos riesgos, porque con la crisis que hay ya me dirás tú, y además de lo que yo trabajo ya me dirás tú como se monta una empresa, tú es que has tenido mucha suerte…”. Desisto. Sonrio levemente y digo “claro, tienes razón”, y cambio rápidamente de tema (lo buenos que están los mojitos que sirven en la piscina de la urbanización, o algo así). No puedes salvarlos a todos, Neo. No puedes salvarlos a todos.

“You have to understand, most of these people are not ready to be unplugged. And many of them are so inert, so hopelessly dependent on the system, that they will fight to protect it.



