Deja de quejarte y actua
Escrito el 29 de Marzo de 2010 a las 9:38
Vía el twitter de Consultor Anónimo.
The Fun Theory
Escrito el 14 de Diciembre de 2009 a las 15:10
Absolutamente brillante. The Fun Theory, campaña de Wolkswagen. Gracias a @ortegarance por el re-tweet.
No se que venden, pero suscribo al 110%. Fun can change behaviour for the better. Fun is productivity. Los Agilistas lo llevamos diciendo un tiempo. A ver si se enteran algunos.
Releyendo a los clásicos
Escrito el 24 de Noviembre de 2009 a las 10:43
La perspectiva de los años siempre aporta nuevas lecturas a los buenos libros. Incluso si son pocos años, si han sido intensos aportarán matices, vivencias, experiencias, nuevos paradigmas… Al final, nosotros leemos los libros, pero de alguna forma, como dice Terry Pratchett, el libro también nos lee a nosotros. A veces es como encontrarse con un viejo amigo: las cosas no son las mismas, y probablemente no sientas esa conexión tan profunda e intensa que había hace tiempo, pero también nos sirve para vernos de alguna manera reflejados en el espejo de su perspectiva y para comprobar que, a pesar de todo, las raices siguen ahí, y que siempre puedes contar con esa persona (ese libro, en este caso).
Por eso me está encantando releer a mi gurú de los recursos humanos, Ricardo Semler, a quien leí antes de hacerme empresario. Mucha gente que ha ojeado “Radical” tiene la visión de que Semler predica el “flower power” de anarquía y cerveza fría, de paz, amor y el plus p’al salón. Sin departamento de recursos humanos, sin controles, sin reglas…Lógico. Uno es empleado y lee solo la parte que conviene al empleado. En Scrum por ejemplo (para mi audiencia Agilista, jejejeje
) esto sería “el Dueño de Producto no puede intervenir en el Sprint“, pero luego no aceptar compromisos, no dar estimaciones, no reportar diariamente, no mejorar la velocidad…).
Que no. Que no, hombre, que no. Que no os estáis leyendo toda la historia. Repasad. Concretamente, algunos pasajes de “El fin de semana de siete días”:
- “El primer principio que se debe aceptar es que si un empleado no siente interés por un producto o proyecto, en ese caso la iniciativa nunca tendrá éxito. Yo prefiero descubrir eso antes, de modo que pueda despedir a la persona, hacer que se despida ella, o lo que es mejor, pasarla a otro proyecto que sí le interese. […] Quiero empleados que se entusiasmen con su trabajo. Si desconocen como crear esa pasión, haré lo posible para ayudarlos. […] Para que una compañía destaque, los empleados deben estar seguros de que el interés propio, no el de la empresa, es su principal prioridad.” Lectura: que le den a la empresa, a mi lo que me interesa es jugar a la consola. Mal. Persiga usted esa pasión de jugar a la consola, caballero, pero eso implica no hacerlo aquí, ya que nosotros no nos dedicamos a eso. Si ninguno de nuestros proyectos o iniciativas le motiva, ¿se puede saber por qué demonios vino a trabajar aquí en un principio?
- “Si alguien trabaja de auxiliar de vuelo de tierra en un aeropuerto y la empresa cree que se necesitan cincuenta horas lectivas para aprender a realizar correctamente ese trabajo, ofrecerán ese curso con esa carga horaria. Pero dependerá del empleado en cuestión aceptar esas clases. La persona puede invertir ese dinero en formación para directivos o cursos de idiomas en vez de clases de control de tráfico. En vez de desalentar esas decisiones, la compañía las acepta, siempre que el empleado sepa manejar el tráfico aéreo o tratar a los clientes sin tener que recibir clases”. Lectura: debo aprender inglés, pero he visto un curso de patrón de yates que mola mucho más. Mal. Haga el curso de patrón de yates, pero en cuanto no rinda usted con el inglés consideraremos que no tiene usted criterio como para tomar decisiones por sí mismo, y como no queremos hacer de niñera de nadie le invitaremos a que madure o busque una empresa en la que les guste manejar droides sin mente.
- “Quizás las empresas no tendrían que esforzarse tanto en motivar a los empleados si intentaran hablar con ellos, descubrir lo que quieren y después otorgarles libertad para perseguir sus ideales”. Lectura: jefe, a mi lo que me motiva es tumbarme en la playita a tomar el sol. Mal. De hecho, muy bien, vaya usted a la playa y tome todo el sol que quiera, ¿qué le detiene? Lo único, claro, es que no lo va a hacer cobrando un sueldo de esta empresa. Ah, que necesita el sueldo. Bueno, puede buscar un sueldo en muchísimos sectores o empresas que no son estos. ¿Qué le detiene? Busque uno cerca de la playa. Vuelva a leer de paso el punto primero.
Al final, todo se reduce a la actitud. Semler lo resume con un ejemplo: “la mujer de la limpieza de Semco (la empresa de Semler) es tan importante como el más alto de los ejecutivos. ¿Por qué? Cuando el consejero delegado de nuestra fábrica de balanzas digitales le preguntó cuál era su trabajo, la limpiadora contestó sin dudarlo ‘fabrico balanzas’”. Mientras ni entendáis esto, queridos, ya podéis chillar, patalear, quejaros, llorar y culpar a la economía, al sector, a los clientes, a los jefes, a la vida, al tiempo, al espacio y al sum sum corda. Y sobre todo, yo no puedo explicaros lo que es Matrix: lo tenéis que ver por vosotros mismos.
Píldora roja, chicos. Píldora roja.
Risto Mejide: que llueva, que llueva…
Escrito el 30 de Enero de 2009 a las 10:35
[…]
Sí, creo en las purgas de mediocres. Qué pasa. Creo que los que sólo se preocupan por salvar el culo lo tienen ahora mucho más difícil, y eso me hace muy pero que muy feliz. Me alegra tanto, porque también me jode de manera desmesurada ver que a veces -como también se dice de los difuntos- son los buenos los que se van.[…]
Pero lo que más me interesa de estar realmente jodidos es la cantidad de oportunidades que, sin querer, empiezan a desfilar por delante de nuestra manifiesta incapacidad para verlas venir.
Cuando las normas de antes ya no valen, el riesgo ya no se tiene, en el riesgo se está. Cuando todas las previsiones provocan poco más que risa floja, atreverse no es una opción, sino gerundio. Y esa combinación, dicen los entendidos, es el abono perfecto para las buenas ideas.
Por eso, quiero acabar con un cariñoso mensaje dedicado a todos los lameculos que siguen lloriqueando para que otro les saque las castañas del fuego.
Tres palabras: no hay otro.
Tres más: jamás lo hubo.”
Artículo de Risto Mejide en ADN.es. De pasta boniato me he quedado. Las acciones de Mejide acaban de subir cien enteros en mi bolsa particular.
Gracias a Xavi por el enlace.
Demistifying Agile
Escrito el 28 de Enero de 2009 a las 19:39
A riesgo de repetirme, el último artículo que escribí ha desencadenado una ola de reflexiones bastante interesante, tanto en los comentarios como en el correo y en la creciente comunidad de Agile Spain, que recomiendo a los que estéis interesados en este tema.
Concretamente, he entendido perfectamente uno de los comentarios en el que se decía “Esa es la sensación que tenemos nosotros desde hace tiempo, que decir “ágil” es dar puerta abierta a “hago lo que me da la gana y encima tengo excusa“. Efectivamente, hay equipos e implantaciones concretas en las que uno acaba teniendo esta sensación. ¿Paternalismo de los gestores? ¿inmadurez de los equipos? ¿Mala implementación?
También ha caido en mis manos un artículo sobre el supuesto fallo de Scrum y las metodologías ágiles en “enganchar” con la psicología humana. Curioso por lo menos, tratándose de una metodología que parte de los principios ágiles y que siempre presento en los cursos como la aproximación humana a la gestión de proyectos. ¿Por qué unos la vemos como la forma más humana de trabajar y otros precisamente como lo contrario? Una vez leido el artículo, la cuestión clave es: ¿confias en el equipo de trabajo? O en algunos casos, ¿se puedeconfiar en el equipo de trabajo? Si, como defiende el artículo, vives en la creencia de que el “factor humano” consiste en que las personas siempre antepondrán sus propios intereses a los del grupo, son egoistas y nunca conseguirás que se pongan de acuerdo, pues vale, Agile no es para tí. Esto vale tanto si crees esto como si tienes la certeza absoluta aplicada al conjunto de personas que te ha tocado (o has seleccionado, en cuyo caso mucho peor y debes revisar tu proceso de selección).
Partiendo de la base de que yo no pienso así, ¿qué provoca que a veces Agile desemboque en una situación de “hago lo que me da la gana y encima está justificado”? Es más que evidente que Agile, como decía en mi anterior artñiculo, no es “hacking institucionalizado” o “buenrollismo institucionalizado”. Pero creo que se hace mucho “hype” de los aspectos más “hippies” de Agile (comunidad, equipo, personas, comunicación, autogestión, no interferencia) y bastante menos reflexión sobre los nativos de la gestión de proyectos (disciplina, ritmo constante, entregas, producto terminado, visibilidad diaria, priorización, estimación, compromiso, deadlines). Es lógico, a todos nos gustan los primeros y no a todos los segundos, por lo que la estrategia de marketing de Agile (sobre todo en una implantación up-bottom, o “golpe de estado” como la bautizó genialmente hace poco un contertulio) pasa por vender lo bonito y pasar “la pildora” con el azucar.
Lo malo viene cuando solo queremos el azucar. En Scrum, concretamente, quitas un sólo tornillo y se descuajaringa todo el método, lo tengo comprobado. Jeff Sutherland ha defendido en múltiples ocasiones que no hay nada en el método que esté ahí por casualidad, que todo tiene un sentido muy específico y que el método no necesita optimizaciones, ya que es el resultado de la experiencia directa de miles de los mejores desarrolladores del planeta, la teoría de sistemas y la aplicación de las técnicas más eficaces de gestión (Lean) al mundo del software.
Pasa también que utilizamos esta estrategia de maquillaje del método (diga lo que diga algún pope del Scrum, a mi siempre me ha parecido más un método que un marco) para, como decía, hacer una venta up-bottom y, cuando el equipo se huele algo lejanamente similar a una estructura de control, se sienten engañados una vez más por los de arriba. Decepción, desmotivación, resistencia pasiva y toda la pesca.
Así que ahí va mi consejo a navegantes: si tu scrum, tu scrum. Si tu no scrum, tu no scrum. Pero scrum “mas o menos” (también conocido como “MyScrum” o “ScrumLite” o “bueno, nosotros hacemos una versión simplificada de Scrum”)… Tarde o temprano tu aplastado como uva. Scrum Master Miyagui Dixit (long ago).
Por cierto, no es casualidad que una de las dos metáforas recurrentes en cualquier curso de Scrum que se precie se la de que Scrum no es una bala de plata. El exceso de “hype” está siendo bueno para Scrum en el corto plazo (popularización), pero a la larga puede hacer mucho daño si la gente empieza a decir “esto no funciona”.
Actualización: olvidé mencionar el magnífico artículo de Management From Scratch
Conversaciones
Escrito el 14 de Noviembre de 2008 a las 10:15
- A ver, yo creo positivamente que a la gente le gusta avanzar, progresar, tener una sensación de propiedad sobre sus proyectos… Si te pagasen lo mismo por quedarte en casa mirando al techo, probablemente al principio te haría ilusión, pero a la larga querrías hacer cosas.
- ¿A mi? a mi no. A mi que me bequen. Lo tengo claro, vamos.
- Pero vamos a ver, a lo mejor lo que pasa es que lo que haces ahora es demasiado monótono, poco creativo… ¿No te gusta el trabajado de investigación, aprender cosas nuevas?
- ¿Cosas nuevas? ¿Para qué? Si yo ya se Java, que es lo que necesito para mi trabajo. No se por qué me tendría que poner ahora a aprender cosas nuevas.
- Pero vamos a ver…¿Me dices que la empresa te da tiempo pagado para estudiar, investigar, aprender y no lo aprovechas?
- Hombre, es que estaría bueno que quisieran que aprendamos en nuestro tiempo libre. Yo trabajo mis horas y punto, mi tiempo es mío.
- Pero tío, que no se trata de trabajar, se trata de aprender cosas nuevas, de desarrollarte como profesional… ¿Qué te dice tu jefe de todo esto?
- Mi jefe está siempre muy ocupado, no podemos hablar con él. Además, es el jefe: no se le pueden decir esas cosas.
- ¿Lo has intentado? Por ejemplo, ¿Por qué no quedáis una vez a la semana para comer juntos y charlar sobre estas cosas?
- ¿Otra vez en mi tiempo privado? Mi comida es mi tiempo de relajación y no tengo por qué dedicarlo al trabajo.
- Pero si no es trabajo, es comunicarte con tu jefe, es desarrollar una relación, es…Vale… Olvídalo… ¿E innovar? ¿No te gustaría hacer cosas nuevas, desarrollar nuevos productos?
- A mi no me pagan para pensar.
- Macho, con esa actitud no vas a poder mejorar tu situación nunca.Mira, en Google….
- ¿Google? Menudos explotadores. Te ponen un montón de cositas, guitarritas, pistas de volley, toboganes y cosas así pero es una trampa para que pases más tiempo en la oficina.
- Ya, tronco, pero más tiempo haciendo las cosas que te gustan y relacionándote con gente que tiene tus mismos intereses.
- Yo tengo mis amigos y no tengo por que relacionarme con la gente del trabajo. Eso me pareceríamuy triste. Yo tengo una vida, ¿Sabes?
- Pero… Vamos a ver, ¿A tí te gusta lo que haces?
- No. A mi no me gusta la informática. Estudié informática porque era lo que había, lo que tenía salida. Yo preferiría trabajar en una ONG.
- Pues tío, no te pases el resto de tu vida amargado. Ve trazando un plan que te lleve a trabajar en una ONG dentro de tres años. Ve tomando las decisiones necesarias.
- Yo ya tengo mi plan: jugar a a primitiva.
- […] :-O
TODOS los comentarios son reales y recogidos de diferentes conversaciones y diferentes fuentes en el último mes.
Queda abierta la carnicería de los comentarios. A ver cuanto tardan del menéame en llamarme tirano explotador esta vez… ![]()
Actualización: tal como bien apunta Enderteruel en menéame, exáctamente 12 minutos y 10 comentarios…
PD - actualización: Me recuerdan por la ofi que de muchas de ellas tengo testigos, por si no me creeis…
Adiós a los jefes autoritarios
Escrito el 24 de Septiembre de 2008 a las 17:13

¿Alguna bronca le ha motivado alguna vez a ser mejor profesional?”
Buena pregunta, pardiez. Más aquí. Gracias a Pepe por el enlace.
Correo de un cliente
Escrito el 4 de Agosto de 2008 a las 13:44
Hola Ángel,[…] El motivo de este correo es doble. Por un lado, reiterarte la satisfacción de todos mis compañeros respecto al curso de SCRUM (algunos me han comentado que es el mejor curso/seminario que han recibido en mucho tiempo) [..]”
No se, hay veces que uno empieza bien la semana, ¿no?
PD: se dice el pecado, pero no el pecador… O:-)
Felicidad de 9 a 5
Escrito el 16 de Junio de 2008 a las 21:33
Me pasa José Luís Marina, cuya bitácora tengo tan abandonada como el resto que languidece en mi pobre agregador (ay de mí), un enlace muy interesante: la bitácora “director de felicidad“, del autor del libro “la hora feliz es de 9 a 5“, que he anotado en mi pila de lecturas deseadas (a ver si llegan las vacaciones de una vez). Todo un blog curioso, la verdad. En primer lugar, se trata de una traducción al castellano de un blog con 2400 subscriptores, the chief happiness officer. La traducción, por lo que veo, está realizado por la misteriosa compañía contentspanish.com, que también representa “la semana de 4 horas” de mi admirado Tim Ferris. Habrá que vigilarlos.
Por otra parte, me ha encantado ver que alguien ha escrito un libro argumentando sobre algo que ya estuve comentando hace tiempo en un post que fue bastante celebrado: la jornada de 9 a 3. En este caso, el autor defiende que una jornada más reducida (32 horas, llega a exponer en un post) no reduce necesariamente la productividad y sin embargo reduce los costes de la empresa y, típicamente, los empleados lo prefieren a ganar algo más pero trabajar más horas. Al fin y al cabo, algo que llevo repitiendo de diferentes maneras desde que empecé con este blog: la productividad no es un sumatorio de horas, sino que se consigue a base de optimizar el flujo productivo. Y para optimizar un flujo uno no puede sobrecargarlo.
Alexander Kjerulf escribe sobre motivación, política de recursos humanos, salarios, y algo que parece un tabú en muchas empresas o, directamente, poco más que un eslógan: la felicidad en el trabajo. Algo que para mí es fundamental, ya que paso un porcentaje muy alto de mi vida currando (qué le vamos a hacer
), por lo que me rebela la idea de pasar ese porcentaje del tiempo que me ha sido dado haciendo algo que no me llene, me satisfaga, me realice… Me haga feliz.
Así es. Al igual que el corredor exhausto y a ratos dolorido, pero que en el fondo disfruta de la carrera y se regocija cada día cuando mejora su marca, así yo me considero feliz en el trabajo. Así que si estas leyendo a esto, tengo dos consejos para tí: lee a gente positiva que ha encontrado formas de ser feliz, y calcula ahora mismo si eres todo lo feliz que podrías ser en tu trabajo. Si no es así, ya puedes ponerte manos a la obra: probablemente te lleve años mejorar tu nivel de felicidad laboral. Hoy es un día estupendo, mucho mejor que mañan o pasado, para empezar a construir el camino a la felicidad.
Ni chapa
Escrito el 24 de Marzo de 2008 a las 13:31
Una de las muchas y alarmantes constantes que me encuentro en los cursos y demás actividades que hacemos relacionadas con la gestión de equipos y proyectos es que siempre hay alguien que pregunta algo así como “Todo esto de la motivación está muy bien, pero ¿qué hacemos si un empleado se pasa el día sin dar un palo al agua?“.
He de confesar que las primeras veces que me enfrenté a este tipo de cuestiones no me lo podía ni creer. Mi reacción fue la ya conocida por estas páginas como “conejo alumbrado por faros de camión“: no sabía si saltar a la derecha, saltar a la izquierda o encomendarme al Sagrado Monstruo Volador de Espagueti (alabado sea su tallarinesco apéndice). Vamos, que me pensaba que me estaban filmando con cámara oculta. Pero meditándolo posteriormente me di cuenta de que también ha sido una constante en mi devenir laboral la existencia de algún que otro (a veces multitud de ellos) elemento nichapante. El típico tío que no se suele meter con nadie, pero que nadie sabe muy bien a qué dedica su día ni cuáles son sus funciones, y que en cuanto se le intenta sorprender con un passing-brown despliega un envidiable arsenal de excusas y justificaciones para, en última instancia, seguir haciendo nichaping.
Ahora en serio, en mi humilde opinión este tipo de personajes son como un cancer para la empresa. Y digo cancer porque los jodíos metastatizan. Se extienden. Mucha gente se harta de partirse el lomo luchando por la empresa para ver como a final de mes el vago de turno se lo lleva igual de calentito que ellos (a veces más), e incluso en multitud de casos que conozco, les toca la misma cantidad de bonos o incentivos que al resto. La única explicación que se me ocurre para esto último, y es algo en lo que abundaré en un par de párrafos, es que los jefes huyen del enfrentamiento o la confrontación y piensan que “café para todos” es la política más democrática, pacifista y buenrrollista. Error. Craso error. Postdata para mi mismo: hablar un día del buenrrollismo como estrategia de gestión
Así pues, hecha la desagradable metáfora, ¿cómo enfocamos un cancer en la empresa? Bien, de nuevo en mi humilde opinión, habría que empezar por una serie de sesiones de radioterapia y quimioterapia. A veces ocurre que el compañero nichapante o conflictivo manifiesta los síntomas de una falta de confianza, un exceso de perspectivas al respecto de su rendimiento, falta de preparación o la falta de compromiso con el equipo, el proyecto o la compañía. A veces se trata simplemente de que la persona no sabe lo que esperan de ella. En estos casos se pueden diseñar tratamientos: definición correcta de las responsabilidades, objetivos y expectativas del cargo, formación de la persona para que alcance el rendimiento esperado, coaching, team-building… No se puede empezar con las medidas de presión si primero no hemos agotado las vías constructivas. Es de cajón.
Pero a veces ocurre que si quieres arroz Catalina. Que no. Que nasti. Que no hay manera. Y en estos casos, sorpréndome, todavía la gente se pregunta “¿qué hacemos?”. Bien, la siguiente fase del proceso oncológico es la extirpación quirurgica. Esto no siempre quiere decir a la puñetera calle. A veces basta con reasignar esta persona a otro departamento, grupo de trabajo o proyecto en el que se sienta más a gusto. En este tipo de movimientos es necesaria una elevada dosis de comunicación con la persona para que entienda que no se trata de un castigo o una penalización, pero que también entienda que es el primer toque de clarines. Si con todo esto seguimos mal… Pues señores, ¿a qué estamos esperando?
La empresa es un ente que funciona en un mercado determinado. Y los mercados son, por definición, eficientes. La propia empresa es de hecho un mercado y debería ser tan eficiente como fuera posible. Las personas trabajan para la empresa, en vez de dedicarse a la contemplación de la naturaleza y a hablar con Diox, porque les pagan por ello. Si no reciben la suficiente cantidad de dinero por su trabajo, rendimiento y talento, probablemente acaben encontrando otras empresas que sí les paguen lo suficiente, y así se van creando los niveles salariales en función de la disponibilidad del perfil y el rendimiento de la persona. Ahora bien: ¿Qué pasa si el empleado no aporta la cantidad de trabajo esperada por el salario ofrecido y sin embargo la empresa no prescinde de él? Pues señores, es de libro: se produce una pérdida de eficiencia que, en última instancia, paga la empresa, o sea todos los demás, que son los que van a tener que cargar con el hueco de trabajo no generado o, en el peor de los casos, con el cierre de la empresa por poco competitiva.
Y si esto está tan claro, ¿Por qué los gerente sistemáticamente se enfrentan a la duda sobre qué hacer con estas personas? Típicamente, por miedo o aversión a la muy desagradable tarea de echarse a una persona a la cara y decirle que está en la calle. Que lo entiendo. Que a nadie le gusta a menos que sea un sociópata (que los hay, oiga, yo los he visto
). Pero que alguien tiene que hacerlo, y no puede uno aceptar la carga de la dirección pero limpiándole las partes que no gustan. Yo mandar sí, y cobrar también, pero responsabilidades desgradable no, mirusté. Pues magnífico.
En otros casos ocurre que el gerente en cuestión se enfrenta a la tarea de rellenar el hueco que dejaría esta persona, y se le antoja una tarea imposible o suficientemente dura como para preferir el “mal menor” de aguantar con el elemento nichapante (también conocido en el argot de un buen amigo como “saco terrero”
). Pues error. El “mal menor” es aguantar dos o tres meses sin esta persona y echarle horas al proceso de selección. O incluso apechugar con una persona menos y repartir su salrio en forma de bonos e incentivos entre el resto del equipo. El mal mayor es que esta persona siga minando la productividad de la empresa y la moral de sus compañeros, estableciendo además un mensaje muy claro para todos los trabajadores: “no passsa nada si no das ni chapa, aquí no echamos a nadie”.
Más razones: el buenrrollismo. Que no se estrese la gente pensando que la pueden echar. Vease el argumento anterior.
Otra razón más: la estrategia aerostático-maquiavélica. En estos casos (pocos los que he visto, pero notables todos ellos) uno se carga de una cierta cantidad de lastre para que, cuando lleguen los periodos de vacas flacas (que en ciertos sectores son cíclicos), poder desprenderse de los mencionados sacos terreros justificando por un lado el recorte de personal pero sin perder por el otro productividad y capacidad.
Y otra más: “no depende de mí”, estrategia reactiva, también conocida como lloriqueo vulgar. El gerente en cuestión no tiene autoridad para despedir al elemento nichapante. Esta es fácil: comuníqueselo a quien sí tenga la responsabilidad. Si no reacciona, comience a disminuir sus previsiones de producción, justificándose en la influencia negativa de esta persona. Si aun así no passsa nada, búsquese otra empresa, esa no le conviene.
Por último, una salvedad: if you pay penauts, you’ll only get monkeys. O lo que es lo mismo: si pagas por debajo del mercado, obtendrás perfiles por debajo del mercado. Pero tener a gente a precio de mercado y produciendo por debajo…Pues mire usted, no.
Un consejo a emprendedores
Escrito el 31 de Enero de 2008 a las 11:33
Todas las mañanas, desayunate un sapo”
Aplicable a trabajadores de cara al público, empleados de organizaciones marrones y, en general, un buen consejo para la vida.
Acomete cuanto antes todo aquello que queda fuera de tu zona de confort. Cuanto antes lo ataques, antes te lo quitarás de encima, menos ciclos cerebrales tendrás que dedicarle, menos estrés generarás y antes de darás cuenta de que no era para tanto.
Gracias a mi amiguete E.R. por el consejo.



