Una sola persona
Escrito el 27 de Mayo de 2010 a las 10:39
Hace poco hablaba sobre cambio, desarrollo y kaizen en uno de mis cursos, y uno de los asistentes apuntó que “los cambios los tendrían que hacer los de arriba”. Cuando empecé a argumentar que todo el mundo tenía que aportar en su medida y que el cambio es cosa de todos, me interrumpió diciendo “ya, pero es que una sola persona no puede cambiar nada“. Intenté decir que personas solas como Ghandi, Lennon, Buda, Sócrates, Lao Tze, Luther King o Mandela habían creado cambios significativos a nivel mundial, pero se armó una pequeña tangana en la clase y tuve que sacar mi probervial “manguera de butano” y liarme a gomazos con los riñones de los subversivos hasta retomar el hilo del curso
Pero la verdad es que me quedé tocado, porque una afirmación como “una persona sola no puede cambiar nada” torpedea drásticamente la línea de flotación de todo en lo que realmente creo. Lamentablemente, o la gente cree en la proactividad, entendida como darse cuenta de que es uno mismo el que tiene las riendas de su propia vida, o no cree en absoluto. Y uno puede ir sembrando argumentos y ejemplos, pero hasta que algo no hce “click” en la mente de la persona, no hay mucho más que se pueda hacer. Y la mayoría de las veces ese “click” no llega a producirse nunca.
Pero incluso si uno no llega a fichar por el bando de los proactivos, los emprendedores, los innovadores, los revolucionarios, los líderes o, llanamente, los luchadores, incluso en ese caso hay un argumento que me faltó en aquel momento, y que aprovecho para archivar aquí: una persona sola puede concienciar al resto. Quizás no puedes enfrentarte solo a la maquinaria corporativa, la cultura imperante o la inercia burocrática, pero a veces basta con que alguien señale el problema públicamente y ayude a que todo el mundo vaya formándose una opinión común sobre la solución necesaria. Y entonces ya no se trata de una persona sola.
Es una versión constructiva de lo que yo llamo “el derecho al pataleo”, probablemente el penúltimo derecho que nos queda ante una situación desagradable en la empresa. ¿Que cuál es el último? El último derecho es pirarse a otro sitio donde sí escuchen a las personas, claro
Risto Mejide: que llueva, que llueva…
Escrito el 30 de Enero de 2009 a las 10:35
[…]
Sí, creo en las purgas de mediocres. Qué pasa. Creo que los que sólo se preocupan por salvar el culo lo tienen ahora mucho más difícil, y eso me hace muy pero que muy feliz. Me alegra tanto, porque también me jode de manera desmesurada ver que a veces -como también se dice de los difuntos- son los buenos los que se van.[…]
Pero lo que más me interesa de estar realmente jodidos es la cantidad de oportunidades que, sin querer, empiezan a desfilar por delante de nuestra manifiesta incapacidad para verlas venir.
Cuando las normas de antes ya no valen, el riesgo ya no se tiene, en el riesgo se está. Cuando todas las previsiones provocan poco más que risa floja, atreverse no es una opción, sino gerundio. Y esa combinación, dicen los entendidos, es el abono perfecto para las buenas ideas.
Por eso, quiero acabar con un cariñoso mensaje dedicado a todos los lameculos que siguen lloriqueando para que otro les saque las castañas del fuego.
Tres palabras: no hay otro.
Tres más: jamás lo hubo.”
Artículo de Risto Mejide en ADN.es. De pasta boniato me he quedado. Las acciones de Mejide acaban de subir cien enteros en mi bolsa particular.
Gracias a Xavi por el enlace.
“No podemos hacerlo”
Escrito el 4 de Junio de 2008 a las 19:43
Como decía Ford, “Tanto si crees que puedes hacerlo como si no…Tienes razón”. Esto es algo que deberían grabarse a fuego algunos de los jefes de proyecto con los que trabajo de vez en cuando. Típicamente estamos en medio de un proyecto de implantación metodológica o de consultoría organizativa, y desde Proyectalis proponemos algún cambio que, a nuestro juicio, proporcionaría una mejora significativa en los equipos y la empresa. Entonces surge el “no, eso no podemos hacerlo”, seguido lógica e indefectiblemente por nuestro perenne “¿por qué?”.
En ese instante suelo observar que nuestro interlocutor eleva los ojos un instante, sígno de que está pensando, construyendo, artículando y argumentando su respuesta, y comienza la lucha: “es que blablabla uno”. Y nosotros, “bueno, pero eso, blablabla solución uno”. “Ya, pero es que además blablabla dos”. “Si, pero blablabla solución dos”. Así ad infitum (o ad nauseam, lo que primero llegue
).
El caso es que cuesta el mismo trabajo ponerse a pensar las razones por las que no podemos hacer un determinado cambio o esfuerzo que pensar en cómo podría realizarse dicho cambio, o cuáles serían las condiciones en las que dicho cambio sería viable. Posiblemente incluso se detecten los mismos impedimentos que en el enfoque anterior, pero al mirarlos desde la perspectiva de “qué tendriamos que hacer para solucionar esto” los resultados son más constructivos, más positivos y sobre todo existen más posibilidades de que consigamos descubrir una manera de implementar el cambio o incluso definir y trazar el plan de acción.
Pensad además que cada “pero” suele encerrar un paradigma amenazado.
Deja tu empleo.
Escrito el 9 de Febrero de 2008 a las 19:29
No soy el único que considera que todo el mundo debería dejar su empleo al menos una vez durante su carrera. Tengo compañeros que llevan desde que salieron de la escuela en la misma empresa (sí, si, aun hay empresas en las que uno puede prosperar durante diez o doce años, aunque a algunos nos resulte increible). No digo que esto sea malo en absoluto, pero vas creándote un microcosmos corporativo del que es muy dificil escapar. Y en muchos casos te vas especializando y acabas enterrado en una labor determinada, con nulas posibilidades de crecimiento o de revalorizar tu curricuculum. Algunos de estos amigos están realmente quemados, hartos de su trabajo, de su empresa, de la cultura corporativa, de sus jefes, de sus compañeros, de sus empleados… Pero están demasiado asustados como para salir al mundo exterior, un mundo del que solo tienen referencias por sus colegas y que no parece en absoluto halagüeño. Así que muchos de ellos buscan excusas, muros mentales, disonancias cognitivas, zonas de confort en las que atrincherarse:
- Es que ahora mismo el mercado está muy mal. Vale. Y hace tres años lo mismo. Y dentro de tres seguimos igual. Esto es como tener un hijo: nunca te viene bien, así que si lo tienes realmente decidido es mucho mejor ponerse las pilas cuanto antes.
- He mandado unos curriculums y estoy esperando a ver. Ya. De paso compra algunas primitivas o rézale un padrenuestro a San Cilindrín de la Buena Trazada. La verdad es que hasta que no estés fuera no te dedicarás al cien por cien a buscar un trabajo, y mientras estás dentro sigues esperando a que alguien te haga una oferta por más dinero del que cobras ahora, trabajando menos horas, con más beneficios…Desengáñate: si llevas mucho tiempo en el mercado, va a ser dificil que te mejoren mucho las condiciones. Es posible que cambiar de trabajo signifique impepinablemente perder algo de dinero. ¿En cuanto valoras la diferencia entre entrar ilusionado por las mañanas o entrar estresado y maldiciendo tu perra vida?
- Es que si quieren que me vaya, me tienen que indemnizar, que llevo mucho tiempo en la empresa y eso es una pastizarra. Esta es de las mejores. Es una fábrica de despedidos interiores, ya que la empresa rara vez va a soltar la ansiada morterada, y tú no estás tan determinado como para negociar con tu empresa o forzar una salida (si no, ya lo habrías hecho). Quieres que te echen, pero sigues haciendo lo mínimo imprescindible para que no te busquen un despido procedente. Pues la verdad es que, si me tiras de la lengua, no solo eres bastante cobarde: eres un poco chorizo. La empresa sigue pagándote un cien por cien del salario, pero tu rindes un veinte por ciento. Te justificas en que la empresa te trata muy mal, pero ¿cómo estás tratando tú a la empresa?
- Ya, tío, pero es que al final en todas partes es lo mismo. Ah, bueno. Que en realidad te estás quejando por deporte. Pues nada tío: hazte del Atleti.
Es mi opinión. No creo que pueda estar pagado trabajar en un sitio que no te gusta. No creo que haya razones para pasar una parte importantísima de tu vida en un ecosistema viciado y degenerado. Creo que siempre hay opciones, pero muchas veces nos aburguesamos, nos acomodamos y nos encontramos en una jaula de oro que nos impide alcanzar todo nuestro potencial.
Creo que al final todo es cuestión de proactividad. De tomar las riendas. De ser tú el que decide en tu vida. De ser consciente de que estás donde estás como fruto de las decisiones que has tomado en el pasado, y dónde acabes en el futuro depende de las decisiones que tomes desde este momento.
Y recordad que la fortuna sonrie a los valientes.
¿Qué opináis?



