Sergio Montoro y Meta4
Escrito el 27 de Noviembre de 2008 a las 10:22
Ando estos días en pleno proceso de expansión y dominación mundial (traducción: a todo el mundo se le acaban los presupuestos del 2008 y les entra la prisa por cerrar proyectos
), y tengo esto más abandonado que mis casettes de Parchis, así que mientras siguo apuntando ideas en la agendica “Wolfgang Amadeus Mozart” que me merqué en el Trinity College de Dublin, procuraré referenciar algunas cosas que voy encontrando estos días y que estoy haciendo rular entre los círculos más cercanos.
Comenzaré hoy con un artículo de Sergio, magistral y polémico como siempre, en el que cuenta su diagnóstico sobre las razones del fulgurante éxito y posterior debacle de la empresa Meta4. Es una historia que a más de uno no resulta cercana aunque no hayamos estado en la vida a menos de diez mil metros de Meta4, ya que algunas de las razones tanto del éxito como del no-tan-éxito (tampoco me atrevo a decir que Meta4 sea un fracaso) son bastante universales.
A mi, por ejemplo, me suenan bastante los siguientes factores de éxito que se podrían aplicar a cualquier start-up:
- Equipo balanceado y con experiencia. Por contra, un equipo balanceado pero sin experiencia, u otro con mucha experiencia pero formado por siete tíos todo de lo mismo… Pues como que no.
- Centrarse en un producto único que resuelve un problema concreto de un tipo de cliente identificable (mercado). Por contra, la empresa que fabrica botijos y centrales nucleares… Pues como que no.
- Centrarse en clients medianos y grandes. Mi experiencia personal con la pequeña empresa… Buf. No digo que no haya un mercado amplísimo y goloso, pero es extenuante atacar a mercados masivos, sobre todo desde el principio, y los márgenes suelen ser exiguos. El escalado es complicado, vaya.
- Una política de recursos humanos moderna. No solo decir que las personas son lo primero, además creerselo. Que se lo pregunten a Toyota (de este tendré que hablar también).
Lamentablemente, los factores de fracaso también me suenan bastante.
Pues eso. Que por aquí sigo. Feliz y bien. Algo acatarrado, como todos estos días ![]()
Innovación
Escrito el 20 de Mayo de 2008 a las 7:54
A ver si nos enteramos, señores: la innovación no es algo que simplemente ocurre, como la venta no es algo que simplemente ocurra, o la facturación, la limpieza de la oficina o la formación. La innovación, señores, es un proceso más de la empresa y como tal debe ser gestionado. Me encuentro con demasiada frecuencia con empresas en las que el concepto de “innovación” consiste en decirle a los empleados que deben ser creativos e innovadores y luego abrir un buzón de sugerencias o una intranet que languidece y duerme el sueño de las herramientas en las que se puso demasiada fe. Porque esa es otra, señores, ya esta bien de poner tanta fé en las herramientas. “Necesito una herramienta para implantar Scrum”, leía hace poco en un foro. “Recomiéndame una herramienta para gestionar mi tiempo”, me pedía hace tiempo un compañero. Que no es eso, señores. Que no.
En General Electric, por poner un ejemplo, tienen un evento llamado GE Workout, en el que mandan a 30, 40 o 50 trabajadores fuera de la empresa tres días: nada de trabajo, nada de correo, nada de teléfonos móviles. Durante esos tres días, los trabajadores piensan en formas de hacer mejor su trabajo, producir mejores resultados o introducir mejoras en los productos, y compilan una lista con todas las sugerencias. El compromiso de GE es que en 48 horas un ejecutivo revisará la lista de propuestas y aprobará una serie de ellas (no todas). Y a partir de ahí se espera que sea el propio equipo de trabajo el que implemente dichas mejoras (que esa es otra: proponer está muy bien, pero luego hay que estudiar, aprobar e implementar…¿Váis viendo como sí que es un proceso?).
En Toyota, el templo del Kaizen (mejora continua), cuentan que Taiichi Ohno increpó un día a un responsable de zona porque los estándares que tenía colgados bien visibles (otra de las prácticas magníficas de Toyota) habían amarilleado con el tiempo. Ohno le dijo “es usted un ladrón: usted roba su sueldo todos los meses. Su trabajo es mejorar los estándares constantemente, y estos estándares tienen por lo menos un año y medio. ¿Para qué le pagamos a usted?“. De hecho, la gente que empieza a leer sobre el sistema de gestión del talento en Toyota y el tremendo foco que hay en cuidar, formar y delegar en los empleados y en los equipos de trabajo pueden formarse una imagen equivocada del Taiichi-San: por lo visto era un ogro de cuidado. Pero tenía las cosas muy claras.
En 3M todos los empleados tienen un 15% de tiempo para dedicarlo a proyectos de investigación y desarrollo, tengan que ver con su area de competencia o no. Todos los empleados, desde el CEO hasta el conserje. Todas las ideas son bienvenidas, y nunca se coharta la creatividad de nadie con comentarios tipo “menuda chorrada” o “nosotros no hacemos eso”. En Google, si no recuerdo mal, hay un 20% de tiempo para proyectos “personales”, ya sean un blog, una web, una nueva aplicación… Tened en cuenta, jefes tiranos del mundo, que el cerebro humano estándar no tienen más de seis horas realmente productivas al día cuando hablamos de tecnologías de la información (programación, creatividad) y no de apretar tuercas. Así que nada de llevarse las manos a la cabeza: vuestros empleados probablemente ya están dedicando esas una o dos horas al día a temas personales (messenger, web, correos electrónicos, café con los compañeros…). Y perseguir un 100% de productividad es inutil y dañino, como os contará cualquier administrador de servidores. Por encima del 80%, solemos entrar en trashing, algo de lo que hablaré otro día, pero que podemos resumir como abarcar mucho y apretar poco.
Así que ya sabéis: si queréis innovar y competir en el mundo 3.0 que se nos viene encima, es mejor que empecéis a pensar en cómo vais a institucionalizar un proceso de innovación en vuestra empresa. Por supuesto, podéis buscar quién os eche una mano… O:-)
Tapar
Escrito el 11 de Mayo de 2008 a las 19:50
Vaya. Que ocupado estoy y que poco escribo. Fin del apartado apologético.
Escuchaba esta mañana en la radio de un taxi (uno de mis pocos contactos con la realidad cotidiana últimamente) que en Madrid, en un hospital, hay un pollo montado a cuentas de una colonia de bacterias asesinas en la UCI que se han llevado por delante a varias decenas de enfermos. Los profesionales sanitarios consultados han dicho que llevan meses denunciando esta situación ante los correspondiente órganos competentes del hospital y de la administración sanitaria y que no han recibido respuesta alguna a sus quejas.
Es más, me atrevo a postular que más que no recibir respuesta lo que han recibido ha sido la directriz de taparlo todo. Que no se sepa. Que no salga “la mierda”, que es el término técnico al que recurren habitualmente las empresas cuando se refieren a los problemas que no se solucionan. Lo juro, en casi todas las empresas por las que he pasado he llegado a escuchar lo de “que no salga la mierda a la luz”. O yo he tenido muy poca suerte, o esto ya es cultural.
Curiosamente, cuando uno estudia empresas excelentes, en el sentido de la búsqueda continua de la excelencia, se encuentra con que, instaurada en la cima de los principios, prácticas y valores corporativos, se encuentra la confianza absoluta en los equipos de trabajo y en su habilidad para resolver los problemas al ser los que mejor conocen el trabajo que desempeñan, así como la instauración de un proceso constante e inexorable que saque a la luz los problemas, no con ánimo de buscar culpables y cortar cabezas, sino con el objetivo de analizar las causas raices y proponer las líneas de acción que se encaminen a la erradicación permanente de dicho problema. Al fin y al cabo, el Kaizen, la mejora continua, no deja de ser simplemente eso: exorcizar demonios, para lo cuál lo primero es, como sabe todo buen exorcista, jugador de rol o aficionado a la literatura gótico-fantástica, nombrarlos.
Sin embargo, cuando nos dedicamos a “tapar la mierda”, el conjunto de valores y mensajes que estamos transmitiendo no ya a los empleados en cuestión, sino a toda la organización, es brutal. No te preocupes de estas cosas. Tu a lo tuyo. No valoramos tus sugerencias. No toques las narices. No te dediques a chinchar y señalar problemas. Estas cosas son así y punto. Siempre han sido así. No hay soluciones.
A corto plazo “tapamos la mierda”. Pero a la larga, este tipo de estrategias solo tienen consecuencias negativas. Al final las cosas salen, y magnificadas. Encima se sabe que los problemas eran conocidos pero no se ha hecho nada por solucionarlos. Y por el camino nos hemos cargado la confianza en las personas y la cultura corporativa. Sin contar con las pérdidas potenciales por las mejoras que no se instauraron en su momento y que llevarían tiempo cundiendo. Comentaba antes lo de las empresas excelentes, pensando precisamente en el Kaizen, la mejora continua nacida en el seno de Toyota. Pues bien, otro de los principios básicos de estas empresas es el foco constante en el largo plazo, incluso a costa de pérdidas en el corto. Otra de las cosas que no hemos interiorizado aun en según qué empresas y según qué entornos.
Y luego a estas organizaciones se les pide que instauren un proceso de innovación (porque, a ver si nos enteramos de una vez en este país, la innovación es un proceso y como tal debe ser gestionado) todo lo que se les ocurre es poner un “buzón de sugerencias” o hacer “concursos de ideas”. Pero a ver quién tiene ideas cuando, durante añós y de forma sistemática, nos hemos dedicado a machacar a todos los que han apuntado un área de mejora (buen principio para la innovación, por ejemplo). Y es que la cultura se acaba comiendo con patatas cualquier estrategia. Así nos luce.



