Tapar

Escrito el 11 de Mayo de 2008 a las 19:50 

Vaya. Que ocupado estoy y que poco escribo. Fin del apartado apologético. :twisted:

Escuchaba esta mañana en la radio de un taxi (uno de mis pocos contactos con la realidad cotidiana últimamente) que en Madrid, en un hospital, hay un pollo montado a cuentas de una colonia de bacterias asesinas en la UCI que se han llevado por delante a varias decenas de enfermos. Los profesionales sanitarios consultados han dicho que llevan meses denunciando esta situación ante los correspondiente órganos competentes del hospital y de la administración sanitaria y que no han recibido respuesta alguna a sus quejas.

Es más, me atrevo a postular que más que no recibir respuesta lo que han recibido ha sido la directriz de taparlo todo. Que no se sepa. Que no salga “la mierda”, que es el término técnico al que recurren habitualmente las empresas cuando se refieren a los problemas que no se solucionan. Lo juro, en casi todas las empresas por las que he pasado he llegado a escuchar lo de “que no salga la mierda a la luz”. O yo he tenido muy poca suerte, o esto ya es cultural.

Curiosamente, cuando uno estudia empresas excelentes, en el sentido de la búsqueda continua de la excelencia, se encuentra con que, instaurada en la cima de los principios, prácticas y valores corporativos, se encuentra la confianza absoluta en los equipos de trabajo y en su habilidad para resolver los problemas al ser los que mejor conocen el trabajo que desempeñan, así como la instauración de un proceso constante e inexorable que saque a la luz los problemas, no con ánimo de buscar culpables y cortar cabezas, sino con el objetivo de analizar las causas raices y proponer las líneas de acción que se encaminen a la erradicación permanente de dicho problema. Al fin y al cabo, el Kaizen, la mejora continua, no deja de ser simplemente eso: exorcizar demonios, para lo cuál lo primero es, como sabe todo buen exorcista, jugador de rol o aficionado a la literatura gótico-fantástica, nombrarlos.

Sin embargo, cuando nos dedicamos a “tapar la mierda”, el conjunto de valores y mensajes que estamos transmitiendo no ya a los empleados en cuestión, sino a toda la organización, es brutal. No te preocupes de estas cosas. Tu a lo tuyo. No valoramos tus sugerencias. No toques las narices. No te dediques a chinchar y señalar problemas. Estas cosas son así y punto. Siempre han sido así. No hay soluciones.

A corto plazo “tapamos la mierda”. Pero a la larga, este tipo de estrategias solo tienen consecuencias negativas. Al final las cosas salen, y magnificadas. Encima se sabe que los problemas eran conocidos pero no se ha hecho nada por solucionarlos. Y por el camino nos hemos cargado la confianza en las personas y la cultura corporativa. Sin contar con las pérdidas potenciales por las mejoras que no se instauraron en su momento y que llevarían tiempo cundiendo. Comentaba antes lo de las empresas excelentes, pensando precisamente en el Kaizen, la mejora continua nacida en el seno de Toyota. Pues bien, otro de los principios básicos de estas empresas es el foco constante en el largo plazo, incluso a costa de pérdidas en el corto. Otra de las cosas que no hemos interiorizado aun en según qué empresas y según qué entornos.

Y luego a estas organizaciones se les pide que instauren un proceso de innovación (porque, a ver si nos enteramos de una vez en este país, la innovación es un proceso y como tal debe ser gestionado) todo lo que se les ocurre es poner un “buzón de sugerencias” o hacer “concursos de ideas”. Pero a ver quién tiene ideas cuando, durante añós y de forma sistemática, nos hemos dedicado a machacar a todos los que han apuntado un área de mejora (buen principio para la innovación, por ejemplo). Y es que la cultura se acaba comiendo con patatas cualquier estrategia. Así nos luce.

FUD

Escrito el 17 de Febrero de 2008 a las 23:33 

Aunque son las mil de la noche (a mi todo lo que pase de las diez me parece madrugada) me voy a obligar a escribir aunque sea un par de líneas, que tengo esto abandonaico… Como viene siendo habitual de estas páginas, cuando no publico muy a menudo es que me he vuelto a meter en berenjenales, cosa buena por otra parte ya que significa crecimiento, que es el lema de este año. De hecho el Martes tengo un AVE, a ver si saco un rato para contaros como va todo (va bene, va bene).

A lo que iba: tuve la idea hace unas semanas de registrar la marca “Proyectalis” por lo que pudiera pasar en el futuro. Ya tuve la precaución de solicitar al registro mercantil central el certificado de denominación negativa para cuando me diese por montar la SL, cosa que creo que ha merecido la pena, así que este también era un paso lógico (además me dió la idea Javi, de Loogic, un día por el twitter…Para que luego digan que no sirve para nada).

Así que entré en la página web de la Oficina Española de Patentes y Marcas con IE (ya que con Firefox casi todo lo que hace la administración acaba petando, mire usted que cosas, ya les vale con tanta accesibilidad, tanto apoyo al software libre y tanta gaita), me pelee un rato con los formularios de rigor, pegué un visazo de unos 120 euros más o menos y tralará, a esperar no se cuantos meses a que te digan si vale o no vale el registro (musica de pasodoble suena de fondo: “Que viiiiva, Ep-pañaaaa…”. Por si alguien no conoce mi otra cuita con la e-administración, que lea El Blog Salmón).

A lo que voy (hoy estoy disperso, parece que haya pasado por un barato de paréntesis). Que el caso es que al mes empiezan a llegar a mi casa una serie de cartas de empresas que, por el módico precio de diez veces la citada cantidad (es lo que le pidieron a un amigo mío, lo juro) se ofrecen a desarrollar todas las gestiones posteriores de “seguimiento” de la solicitud. Porque una vez que la solicitud aparece en el correspondiente boletín (al que todas estas empresas están lógica y convenientemente suscritas) podía ocurrir que alguien objetase contra el registro, en cuyo caso habría que realizar un seguimiento personalizado del caso y no se qué historias más.

Entre estas cartas las hay muy educadas y profesionales, pero hay una preocupante porción que recurren a la nada sutil amenaza, y con mayúsculas ademas: EL SEGUIMIENTO DE ESTAS ACCIONES DEBE LLEVARSE A CABO POR UN PROFESIONAL CUALIFICADO, y cosas de ese estilo. En plan “se te va a caer el pelito por listo”. que ya me explicarán a mi la cualificación necesaria y dónde se estudia, pero en fin, entiendo que la cosa puede llegar a tener su miga y su ciencia.

Me ha recordado a los tiempos en los que en las tecnológicas imperaba la política comercial del FUD: miedo, incertidumbre y duda. IBM fue, según la Santa Wikipedia, abanderada de esta política en sus tiempos, ya ves lo que son las cosas, con lo que apoyan ahora el software libre con tal de vender más máquinas y apreciar un poco sus servicios profesionales siendo precisamente el software libre uno de los principales objetos de FUD hoy en día. Incertidumbre al enfrentarse a productos tecnológicamente complejos. Miedo de (digamoslo llanamente) cagarla al contratar un servicio por el que nadie ha apostado antes o que no es “el estándar” (de allí la famosa frase “a nadie le despiden por comprar un IBM“). Dudas sobre las capacidades de unos u otros.

Y cuando al conejo le alumbran los faros del camión, no salta ni a un lado ni a otro. Se queda pasmado en medio de la carretera. Telefónica sabe bien eso: durante un tiempo creó tal marasmo de “planes claros” que los consumidores ya no sabían si les merecía más la pena pillarse un plan tercera edad, un plan estudiantes, un plan telepizza o un plan con plan. Y se quedaban como estaban, que al final es de lo que se trata.

Pues lo siento, nosotros no creemos en eso. Me critican muchas veces mis colegas empresarios y consultores que nos vendemos baratos. Que regalamos conocimiento. Que le solucionamos al cliente en una mañanita y sin cobrar lo que, adornado con un documento de trescientas páginas y alargado unos cuantos mesecitos, podría habernos dado un dinerito curioso. Pero que le voy a hacer. Seré un romántico, un gilipuertas o tendré muy claro que los días del FUD se han terminado y se abre ante nosotros una era de empresas Ágiles. El tiempo lo dirá.

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