Releyendo a los clásicos

Escrito el 24 de Noviembre de 2009 a las 10:43 

La perspectiva de los años siempre aporta nuevas lecturas a los buenos libros. Incluso si son pocos años, si han sido intensos aportarán matices, vivencias, experiencias, nuevos paradigmas… Al final, nosotros leemos los libros, pero de alguna forma, como dice Terry Pratchett, el libro también nos lee a nosotros. A veces es como encontrarse con un viejo amigo: las cosas no son las mismas, y probablemente no sientas esa conexión tan profunda e intensa que había hace tiempo, pero también nos sirve para vernos de alguna manera reflejados en el espejo de su perspectiva y para comprobar que, a pesar de todo, las raices siguen ahí, y que siempre puedes contar con esa persona (ese libro, en este caso).

Por eso me está encantando releer a mi gurú de los recursos humanos, Ricardo Semler, a quien leí antes de hacerme empresario. Mucha gente que ha ojeado “Radical” tiene la visión de que Semler predica el “flower power” de anarquía y cerveza fría, de paz, amor y el plus p’al salón. Sin departamento de recursos humanos, sin controles, sin reglas…Lógico. Uno es empleado y lee solo la parte que conviene al empleado. En Scrum por ejemplo (para mi audiencia Agilista, jejejeje ;-) ) esto sería “el Dueño de Producto no puede intervenir en el Sprint“, pero luego no aceptar compromisos, no dar estimaciones, no reportar diariamente, no mejorar la velocidad…).

Que no. Que no, hombre, que no. Que no os estáis leyendo toda la historia. Repasad. Concretamente, algunos pasajes de “El fin de semana de siete días”:

Al final, todo se reduce a la actitud. Semler lo resume con un ejemplo: “la mujer de la limpieza de Semco (la empresa de Semler) es tan importante como el más alto de los ejecutivos. ¿Por qué? Cuando el consejero delegado de nuestra fábrica de balanzas digitales le preguntó cuál era su trabajo, la limpiadora contestó sin dudarlo ‘fabrico balanzas’”. Mientras ni entendáis esto, queridos, ya podéis chillar, patalear, quejaros, llorar y culpar a la economía, al sector, a los clientes, a los jefes, a la vida, al tiempo, al espacio y al sum sum corda. Y sobre todo, yo no puedo explicaros lo que es Matrix: lo tenéis que ver por vosotros mismos.

Píldora roja, chicos. Píldora roja.

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