Releyendo a los clásicos

La perspectiva de los años siempre aporta nuevas lecturas a los buenos libros. Incluso si son pocos años, si han sido intensos aportarán matices, vivencias, experiencias, nuevos paradigmas… Al final, nosotros leemos los libros, pero de alguna forma, como dice Terry Pratchett, el libro también nos lee a nosotros. A veces es como encontrarse con un viejo amigo: las cosas no son las mismas, y probablemente no sientas esa conexión tan profunda e intensa que había hace tiempo, pero también nos sirve para vernos de alguna manera reflejados en el espejo de su perspectiva y para comprobar que, a pesar de todo, las raices siguen ahí, y que siempre puedes contar con esa persona (ese libro, en este caso).

Por eso me está encantando releer a mi gurú de los recursos humanos, Ricardo Semler, a quien leí antes de hacerme empresario. Mucha gente que ha ojeado “Radical” tiene la visión de que Semler predica el “flower power” de anarquía y cerveza fría, de paz, amor y el plus p’al salón. Sin departamento de recursos humanos, sin controles, sin reglas…Lógico. Uno es empleado y lee solo la parte que conviene al empleado. En Scrum por ejemplo (para mi audiencia Agilista, jejejeje ;-) ) esto sería “el Dueño de Producto no puede intervenir en el Sprint“, pero luego no aceptar compromisos, no dar estimaciones, no reportar diariamente, no mejorar la velocidad…).

Que no. Que no, hombre, que no. Que no os estáis leyendo toda la historia. Repasad. Concretamente, algunos pasajes de “El fin de semana de siete días”:

  • “El primer principio que se debe aceptar es que si un empleado no siente interés por un producto o proyecto, en ese caso la iniciativa nunca tendrá éxito. Yo prefiero descubrir eso antes, de modo que pueda despedir a la persona, hacer que se despida ella, o lo que es mejor, pasarla a otro proyecto que sí le interese. […] Quiero empleados que se entusiasmen con su trabajo. Si desconocen como crear esa pasión, haré lo posible para ayudarlos. […] Para que una compañía destaque, los empleados deben estar seguros de que el interés propio, no el de la empresa, es su principal prioridad.” Lectura: que le den a la empresa, a mi lo que me interesa es jugar a la consola. Mal. Persiga usted esa pasión de jugar a la consola, caballero, pero eso implica no hacerlo aquí, ya que nosotros no nos dedicamos a eso. Si ninguno de nuestros proyectos o iniciativas le motiva, ¿se puede saber por qué demonios vino a trabajar aquí en un principio?
  • “Si alguien trabaja de auxiliar de vuelo de tierra en un aeropuerto y la empresa cree que se necesitan cincuenta horas lectivas para aprender a realizar correctamente ese trabajo, ofrecerán ese curso con esa carga horaria. Pero dependerá del empleado en cuestión aceptar esas clases. La persona puede invertir ese dinero en formación para directivos o cursos de idiomas en vez de clases de control de tráfico. En vez de desalentar esas decisiones, la compañía las acepta, siempre que el empleado sepa manejar el tráfico aéreo o tratar a los clientes sin tener que recibir clases”. Lectura: debo aprender inglés, pero he visto un curso de patrón de yates que mola mucho más. Mal. Haga el curso de patrón de yates, pero en cuanto no rinda usted con el inglés consideraremos que no tiene usted criterio como para tomar decisiones por sí mismo, y como no queremos hacer de niñera de nadie le invitaremos a que madure o busque una empresa en la que les guste manejar droides sin mente.
  • “Quizás las empresas no tendrían que esforzarse tanto en motivar a los empleados si intentaran hablar con ellos, descubrir lo que quieren y después otorgarles libertad para perseguir sus ideales”. Lectura: jefe, a mi lo que me motiva es tumbarme en la playita a tomar el sol. Mal. De hecho, muy bien, vaya usted a la playa y tome todo el sol que quiera, ¿qué le detiene? Lo único, claro, es que no lo va a hacer cobrando un sueldo de esta empresa. Ah, que necesita el sueldo. Bueno, puede buscar un sueldo en muchísimos sectores o empresas que no son estos. ¿Qué le detiene? Busque uno cerca de la playa. Vuelva a leer de paso el punto primero.

Al final, todo se reduce a la actitud. Semler lo resume con un ejemplo: “la mujer de la limpieza de Semco (la empresa de Semler) es tan importante como el más alto de los ejecutivos. ¿Por qué? Cuando el consejero delegado de nuestra fábrica de balanzas digitales le preguntó cuál era su trabajo, la limpiadora contestó sin dudarlo ‘fabrico balanzas'”. Mientras ni entendáis esto, queridos, ya podéis chillar, patalear, quejaros, llorar y culpar a la economía, al sector, a los clientes, a los jefes, a la vida, al tiempo, al espacio y al sum sum corda. Y sobre todo, yo no puedo explicaros lo que es Matrix: lo tenéis que ver por vosotros mismos.

Píldora roja, chicos. Píldora roja.

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12 respuestas a Releyendo a los clásicos

  1. Jose M Beas dijo:

    ¿Y qué hacemos con todas esas personas que no les importa ir a “la cadena de montaje” todos los días, hacer su trabajo y marcharse a casa? Ten en cuenta que hay puestos que se han concebido sin mucho margen para la creatividad ni para el crecimiento profesional. Dicho esto, estoy 100% de acuerdo contigo, entre otras cosas porque lo he vivido en primera persona: tristemente, gente nada profesional, con su actitud indolente se aprovechó de la buena voluntad y las ganas de hacer las cosas de otra manera de un empresario y se cargaron la empresa. :-( ¿Quién perdió? Pues tristemente, el empresario. Los no-profesionales están en otras empresas donde sí les dejan ser no-profesionales, no estar comprometidos, les dicen lo que tienen que hacer y, lo más importante, les dejan chillar, patalear, quejarse…

    Un saludo,
    JMB

  2. Ángel dijo:

    Fallo del empresario pués en no seguir los consejos de Semler: intentar por todos los medios que esa persona encuentra qué le motiva de entre las opciones que tiene en la empresa y, en caso de que nada le motive, despedirlo o hacer que se despida (no me refiero al “mobbing”, sino a hacerle ver que su sitio no está en la empresa y que lo mejor que puede hacer es ir buscándose algo porque de aquí a poco no tendremos más opción que incorporar a algien a quien sí le motive ese puesto).

  3. michogar dijo:

    Dentro de las cualidades de un buen empresario tendrá que estar crear los medios para controlar si las cosas se están haciendo correctamente. Siempre puedes encontrar una manzana podrida, incluso dos, pero si te llevas el cesto lleno de manzanas podridas planteate que no eres un buen comprador.

    Saludos.

  4. Ángel dijo:

    Absolutamente de acuerdo, @michogar. Como decía Fraga, “incluso Cristo, que era el hijo de Dios, fichó a un Judas entre doce apóstoles, así que imagínese usted nosotros los mortales”… :-D

    Pero evidentemente si la tasa de fallos es alta, el seleccionador está fallando. Uno debe conocer sus propias debilidades y, si es demasiado permisivo contratando (ya sabeis, “hire slow, fire fast”), debería delegar en un tercero para que hiciera la selección, puede que incluso la formación inicial y adaptación al puesto.

  5. Diego dijo:

    Tienes club de fans? En caso negativo… puedo presidirlo?

    :-D

  6. Ángel dijo:

    El que tenemos que fundar Ex Aequo es el de fans de Semler… ;)

    Pregunta: ¿tenías tu, al igual que yo, la sensación de que estos pasajes tipo “si a pesar de todo no funciona, puerta” no estaban en la obra de Semler? :-D :-D :-D .

  7. Jose M Beas dijo:

    ¿Y no creéis que algo falla cuando es el empresario el que debe despedir a la gente? Un buen profesional debe ser el primer interesado en estar donde mejor puede seguir mejorando. ¿A qué estamos jugando entonces?

  8. Ángel dijo:

    Pues, en mi opinión, lamentablemente la inmensa mayoría de la gente piensa que el trabajo no es más que un medio para conseguir un sueldo, y acaban en un sector o en una empresa determinada puramente de rebote… sobre esto se podría también escribir largo y tendido.

    Evidentemente, cuando la situación no funciona, hay determinados tipos de empleados a los que no les importa prolongarla indefinidamente con tal de cobrar a fin de mes, al igual que hay algún que otro empresario (o más bien gerentes y cargos intermedios) que prefieren también prorrogar lo indefendible con tal de no confrontar lo desagradabñe del caso. Más de los primeros que de los segundos, en base a mi experiencia, pero probablemente por una cuestión puramente estadística (hay más trabajadores que empresarios o gerentes).

  9. Julen dijo:

    Dices: “Pues, en mi opinión, lamentablemente la inmensa mayoría de la gente piensa que el trabajo no es más que un medio para conseguir un sueldo, y acaban en un sector o en una empresa determinada puramente de rebote”

    Y yo digo: En mi opinión, esta manera de ver el trabajo (es decir, como un mero intercambio de trabajo y horas por dinero) es una consecuencia lógica de la mentalidad empresarial de gran parte del mundo (y no digamos de españa). Mi pregunta es: ¿Por qué casi nadie está agusto con su trabajo? ¿Por qué prácticamente nadie ama lo que hace dentro de una empresa? ¿Por qué la gente quiere que llegue la hora de salir del trabajo para comenzar a vivir y a ser feliz? ¿Por qué muy poca gente pone su alma en su trabajo, ni se ilusiona con nada, ni se emociona con nada de lo que hace o le mandan hacer? ¿Por qué hay tanta gente trabajando en sectores que no son los suyos?

    Sinceramente, hay muchas veces que estoy de acuerdo con lo que escribes pero otras, parece que la culpa de la desmotivación es del trabajador. El trabajador se desmotiva muchas veces por la nula capacidad empresarial de sus jefes. Esto, por supuesto, dependerá mucho de cada caso concreto, pero no hay más que regresar en metro a casa y escuchar las conversaciones de los trabajadores. NADIE HABLA NADA POSITIVO DE SU TRABAJO. Competitividad. Malas artes. Jefes ineptos. Trabajo desperdiciado. Horas extras no pagadas. Compañeros trepas. Trabajos basura. Siempre es así. Y todo ello salpicado con caras tristes y ojeras.

    La gente no es feliz trabajando porque es muy raro el lugar donde te piden que te EMOCIONES con lo que estás desarrollando, y a la vez te COMPENSAN equilibradamente por hacerlo. Y te lo digo yo, que soy arquitecto y se supone que trabajo en un sector donde la creatividad y los productos personalizados creados desde cero están a la orden del día. Pero las condiciones empresariales son tan NEFASTAS y la calidad de los jefes (desde que empecé a trabajar) es tan NULA, que a uno se le van quitando las ganas de seguir poniendo su alma en el proyecto, y prefiere acabar poniendo su alma en su propia vida… al menos en la parcelta de vida que le quede libre.

    De verdad, con cada persona que hablo me cuenta lo mismo: Lo que más hemos aprendido desde que acabamos la carrera es a CÓMO NO HACER LAS COSAS. Y eso es bastante poco motivador, sobre todo teniendo en cuenta que, nos pongamos como nos pongamos, el intercambio de EMOCIÓN/TRABAJO por DINERO nunca está demasiado equilibrado… y si no… digo lo mismo… pregunta por ahí a ver cuánta gente está contenta con su sueldo. Yo, en mi sector, conozco a muy pocos.

    Por eso, aunque entiendo las cosas que quieres decir con tu post, no lo veo todo tan fácil. Y no me extraña demasiado que el trabajador prefiera un curso de patrón de yates, o irse a tomar unas cañas con sus amigos, o estar con la persona a la que quiere… porque poco a poco la gente va retirando de su trabajo su alma y sus emociones… para aplicarlos a su vida y a sus pequeñas grandes cosas del día a día.

    Dudo mucho que todo el mundo sea un vago, un jeta o un desmotivado que solo quiere dinerito. Creo que existirían muchos más trabajadores modelo, capaces de pensar por las mañanas “Bien, a trabajar¡¡¡¡ Qué ganas tengo de seguir con ese proyecto que comenzamos ayer¡¡¡¡” …. si existieran empresarios que ofrezcan algo MOTIVADOR y EMOCIONANTE…. pero lamento decir que esto no abunda tampoco demasiado…

    Yo soy jefe de equipo de algunos proyectos, y entiendo la dificultad de motivación y organización del trabajo. Pero estaría encantado de contar con jefes que me generasen a mi mismo esa emoción de la que hablas… Hasta ahora, no los he conocido.

    Me gustaría aprender. No desaprender.

    Un saludo fuerte

  10. Julen dijo:

    Quizá lo que yo hablo parte del hecho de cómo funciona mi sector. No sé si en tu empresa o en el tipo de productos que desarrolláis es fácil lograr lo que pides, o si es común encontrar empresas que saben motivar a sus trabajadores. Pero estarás conmigo en que no es la regla general.

    Yo soy de la opinión de que la gente vale más de lo que creemos que vale. Como en todos los lugares, habrá caraduras, pero si tienes a la gente contenta y administras bien el trabajo y los recursos, la gente responde. Al menos en mi sector. La lástima es que no suele ocurrir así, pero te piden que respondas con el mismo entusiasmo.

    Como te digo, quizá he metido la pata al dar mi opinión porque no creo que tus empresas y las empresas de arquitectura, ingeniería, construcción, etc, tengan parámetros de funcionamiento similares. Creo que son muy diferentes. Pero me apetecía exponer mi punto de vista, ya que estoy verdaderamente enfadado con el tejido empresarial que acapara el mercado arquitectónico de nuestro país.

    Un saludo y perdón por la extensión de mi comentario.

  11. Ángel dijo:

    Para no extenderme (que ya lo has hecho tú)… No, no es facil, no, en mi sector tampoco es tan habitual encontrar gente motivadora y motivada y sí, estoy de acuerdo en prácticamente todo lo que dices.

    Lamento que parezca con demasiada frecuencia que pongo toda la culpa en el plato de balanza de los trabajadores, no es mi intención, quizás se debe a que ahora me toca más estar del lado de empresarios y gestores… Procuraré estar atento.

    En cualquier caso, lo que no creo es haber transmitido la idea de que “todo el mundo sea un vago” como has comentado ;-)

  12. Lo de “hablar con ellos, descubrir lo que quieren y después otorgarles libertad para perseguir sus ideales” está muy bien, pero no te engañes, el 90% de las personas (empleados o no) lo que realmente quieren es SER TURISTAS y dedicar su vida a tomar tranquilamente daiquiris en una playa soleada rascándose la barriga.

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