¿Y si soy caro?

Escrito el 30 de Septiembre de 2008 a las 23:27 

¡Movidita de la que me gusta! Escribí hace unos días un artículo en el que hablaba del síndrome de la barra libre, es decir, la tendencia de las distintas áreas de la empresa a sobrecargar al Área de IT al no percibir que eso cause un gasto a la empresa o que esos recursos deban ser compartidos con otros usuarios.

Pues bien, el maestro Luis ha pegado un pedasso de rúbrica al artículo desde su sitio explicándo, desde su experiencia personal, no solamente que efectivamente el fenómeno se produce con cierta frecuencia, sino que además esboza lo que fue su estrategia para luchar conta el mismo.

El planteamiento de Luis, absolutamente defendible, enfoca una progresiva imputación de los costes a los consumidores internos, llegando a funcionar como una unidad de negocio interna o “centro de beneficio”, como el propio Luis lo llama.

Pero en los comentarios, Rafa (interesante blog, por cierto) ha dado con un punto clave que yo mismo iba a comentar: el miedo de muchos CIO a que, una vez hecha la factura, los servicios de IT resulten más caros que los que prestan otras compañías del mercado. Y claro: todo el área de IT a la calle y la función en outsourcing. Zas, en toda la boca.

Lo que me maravilla es que se opta por la estrategia del avestruz. Curioso. Justo cuando te das cuenta de que no eres eficiente, de que otros lo hacen mejor que tu, de que incluso sin necesidad de montar una infraestructura totalmente independiente y sin una necesidad real de arrojar un beneficio cuantioso (cosas con las que tienen que convivir las empresas de Outsourcing) tus costes son mayores, justo entonces decides esconder las cifras. No hacerlas. No medir. Y como dice el adagio, no se puede controlar lo que no se puede medir.

Así pues, aun coincidiendo totalmente en que lo que Rafa describe en su comentario (es decir, que es bastante complicado y hasta peliagudo instaurar un sistema de control de costes de IT), considero que es un paso necesario si queremos hacer Kaizen: mejora continua. Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy. ¿O es que realmente ya hemos alcanzado el mejor estado posible? Y si es así, que lo dudo, ¿de qué tenemos miedo?

Señor CIO: si tiene usted miedo de que externalicen su área, por algo será. Mejor nos vamos poniendo las pilas y atacamos las principales fuentes de gasto y desperdicio en el área, tratando de hacer que el flujo de valor sea lo más eficiente posible. Lean en estado puro, ¿no?

Pluses y Deltas

Escrito el 4 de Agosto de 2008 a las 11:41 

Siempre que acabo un curso de formación dedico unos quince o veinte minutos a realizar una retrospectiva del mismo con los asistentes. Es una de las prácticas más importantes de Agile, y entronca directamente con el concepto del Kaizen de los sistemas Lean: la mejora continua y constante a lo largo del tiempo en busca de un estado perfecto que, más que una meta, traza un “norte verdadero”, el camino que debemos seguir día tras día. Hoy mejor que ayer. Mañana, mejor que hoy.

En fin, que me lío: en este ejercicio “post mortem” analizamos lo que ha ido bien y lo que necesita mejorar, lo que ha sido divertido y lo que ha sido más pesado, lo que es esencial y lo que se ha echado en falta. Lógicamente, a lo largo de varias decenas de retrospectivas el curso va mejorando, y amparándome en el hecho de que muchos de los asistentes a los cursos son lectores del blog me atreveré a afirmar que el índice de satisfacción y de éxito que estamos alcanzando con los cursos es muy alto, y en un porcentaje interesante de ocasiones conduce a proyectos más intensos o específicos.

Curiosamente, conforme se fueron puliendo las aristas más evidentes, han quedado un grupo de “deltas” que son casi una constante, y ante los que estamos replanteando incluso nuestra estrategia de comercialización. Lo cuál quiere decir que las retrospectivas están siendo una importante fuente de innovación.

La constante mas evidente es pedir un mayor grado de personalización en los cursos: atacar las cuestiones específicas de la organización y proponer soluciones. Pero claro… Eso tiene un nombre (consultoría) y un precio diferente a la exposición más o menos participativa y creativa de un mismo tema (recurrencia, señores, recurrencia… Hay que productizar ;-) ). No obstante, en lugar de limitarme a señalar este hecho (que la consultoría se paga) lo que estamos haciendo es diseñar un nuevo paquete de servicios que consiste en una consultoría previa, unas sesiones de formación y un roll-out workshop, es decir, un día de trabajo en el que los participantes se traen sus proyectos debajo del brazo y trabajamos en la definición de los mismos, el enfoque de desarrollo, las herramientas de visibilidad y control… En el caso de Scrum, creamos o mejoramos las pilas de producto, calendarizamos los sprints, preparamos un release plan, creamos los tablones de sprint, establecemos la mecánica y duración de las diferentes reuniones…

Así, cada cliente puede optar en cada momento por uno de los productos, combinaciones de dos o el paquete completo de consultoría + formación + taller. Hay quien pensará que me hago un flaco favor publicitando a los cuatro vientos nuestras innovadoras estrategias ;-) , pero en el fondo creo en esto, en difundir el conocimiento, las mejores prácticas y las lecciones aprendidas. Al fin y al cabo yo me he beneficiado de la experiencia de muchos que han avanzado antes que yo, y mi creencia firme en los mecanismos del Karma no puede empujarme a otra cosa que a compartir. Además, la experiencia me dicta que las personas que han compartido sus conocimientos recogen frutos a la larga. Al fin y al cabo, es un marketing excelente.

En cualquier caso, tanto si productizais como si no, tanto si paquetizais como si no, lo que sí es muy importante es mantener constantemente un mecanismo de revisión crítica y mejora que permita, sobre todas las cosas, escuchar al cliente, y mantener en todo momento una actitud constructica y positiva al respecto de las opiniones del cliente. Incluso cuando, según nuestro criterio el cliente se equivoca, es mucho más productivo pensar “¿por qué habrá llegado el cliente a esta conclusión? ¿En qué estará fallando mi mensaje?” que enfrascarnos en demostrar al cliente lo equivocado que está (frustrándole además por el camino).

Innovación

Escrito el 20 de Mayo de 2008 a las 7:54 

A ver si nos enteramos, señores: la innovación no es algo que simplemente ocurre, como la venta no es algo que simplemente ocurra, o la facturación, la limpieza de la oficina o la formación. La innovación, señores, es un proceso más de la empresa y como tal debe ser gestionado. Me encuentro con demasiada frecuencia con empresas en las que el concepto de “innovación” consiste en decirle a los empleados que deben ser creativos e innovadores y luego abrir un buzón de sugerencias o una intranet que languidece y duerme el sueño de las herramientas en las que se puso demasiada fe. Porque esa es otra, señores, ya esta bien de poner tanta fé en las herramientas. “Necesito una herramienta para implantar Scrum”, leía hace poco en un foro. “Recomiéndame una herramienta para gestionar mi tiempo”, me pedía hace tiempo un compañero. Que no es eso, señores. Que no.

En General Electric, por poner un ejemplo, tienen un evento llamado GE Workout, en el que mandan a 30, 40 o 50 trabajadores fuera de la empresa tres días: nada de trabajo, nada de correo, nada de teléfonos móviles. Durante esos tres días, los trabajadores piensan en formas de hacer mejor su trabajo, producir mejores resultados o introducir mejoras en los productos, y compilan una lista con todas las sugerencias. El compromiso de GE es que en 48 horas un ejecutivo revisará la lista de propuestas y aprobará una serie de ellas (no todas). Y a partir de ahí se espera que sea el propio equipo de trabajo el que implemente dichas mejoras (que esa es otra: proponer está muy bien, pero luego hay que estudiar, aprobar e implementar…¿Váis viendo como sí que es un proceso?).

En Toyota, el templo del Kaizen (mejora continua), cuentan que Taiichi Ohno increpó un día a un responsable de zona porque los estándares que tenía colgados bien visibles (otra de las prácticas magníficas de Toyota) habían amarilleado con el tiempo. Ohno le dijo “es usted un ladrón: usted roba su sueldo todos los meses. Su trabajo es mejorar los estándares constantemente, y estos estándares tienen por lo menos un año y medio. ¿Para qué le pagamos a usted?“. De hecho, la gente que empieza a leer sobre el sistema de gestión del talento en Toyota y el tremendo foco que hay en cuidar, formar y delegar en los empleados y en los equipos de trabajo pueden formarse una imagen equivocada del Taiichi-San: por lo visto era un ogro de cuidado. Pero tenía las cosas muy claras.

En 3M todos los empleados tienen un 15% de tiempo para dedicarlo a proyectos de investigación y desarrollo, tengan que ver con su area de competencia o no. Todos los empleados, desde el CEO hasta el conserje. Todas las ideas son bienvenidas, y nunca se coharta la creatividad de nadie con comentarios tipo “menuda chorrada” o “nosotros no hacemos eso”. En Google, si no recuerdo mal, hay un 20% de tiempo para proyectos “personales”, ya sean un blog, una web, una nueva aplicación… Tened en cuenta, jefes tiranos del mundo, que el cerebro humano estándar no tienen más de seis horas realmente productivas al día cuando hablamos de tecnologías de la información (programación, creatividad) y no de apretar tuercas. Así que nada de llevarse las manos a la cabeza: vuestros empleados probablemente ya están dedicando esas una o dos horas al día a temas personales (messenger, web, correos electrónicos, café con los compañeros…). Y perseguir un 100% de productividad es inutil y dañino, como os contará cualquier administrador de servidores. Por encima del 80%, solemos entrar en trashing, algo de lo que hablaré otro día, pero que podemos resumir como abarcar mucho y apretar poco.

Así que ya sabéis: si queréis innovar y competir en el mundo 3.0 que se nos viene encima, es mejor que empecéis a pensar en cómo vais a institucionalizar un proceso de innovación en vuestra empresa. Por supuesto, podéis buscar quién os eche una mano… O:-)

Tapar

Escrito el 11 de Mayo de 2008 a las 19:50 

Vaya. Que ocupado estoy y que poco escribo. Fin del apartado apologético. :twisted:

Escuchaba esta mañana en la radio de un taxi (uno de mis pocos contactos con la realidad cotidiana últimamente) que en Madrid, en un hospital, hay un pollo montado a cuentas de una colonia de bacterias asesinas en la UCI que se han llevado por delante a varias decenas de enfermos. Los profesionales sanitarios consultados han dicho que llevan meses denunciando esta situación ante los correspondiente órganos competentes del hospital y de la administración sanitaria y que no han recibido respuesta alguna a sus quejas.

Es más, me atrevo a postular que más que no recibir respuesta lo que han recibido ha sido la directriz de taparlo todo. Que no se sepa. Que no salga “la mierda”, que es el término técnico al que recurren habitualmente las empresas cuando se refieren a los problemas que no se solucionan. Lo juro, en casi todas las empresas por las que he pasado he llegado a escuchar lo de “que no salga la mierda a la luz”. O yo he tenido muy poca suerte, o esto ya es cultural.

Curiosamente, cuando uno estudia empresas excelentes, en el sentido de la búsqueda continua de la excelencia, se encuentra con que, instaurada en la cima de los principios, prácticas y valores corporativos, se encuentra la confianza absoluta en los equipos de trabajo y en su habilidad para resolver los problemas al ser los que mejor conocen el trabajo que desempeñan, así como la instauración de un proceso constante e inexorable que saque a la luz los problemas, no con ánimo de buscar culpables y cortar cabezas, sino con el objetivo de analizar las causas raices y proponer las líneas de acción que se encaminen a la erradicación permanente de dicho problema. Al fin y al cabo, el Kaizen, la mejora continua, no deja de ser simplemente eso: exorcizar demonios, para lo cuál lo primero es, como sabe todo buen exorcista, jugador de rol o aficionado a la literatura gótico-fantástica, nombrarlos.

Sin embargo, cuando nos dedicamos a “tapar la mierda”, el conjunto de valores y mensajes que estamos transmitiendo no ya a los empleados en cuestión, sino a toda la organización, es brutal. No te preocupes de estas cosas. Tu a lo tuyo. No valoramos tus sugerencias. No toques las narices. No te dediques a chinchar y señalar problemas. Estas cosas son así y punto. Siempre han sido así. No hay soluciones.

A corto plazo “tapamos la mierda”. Pero a la larga, este tipo de estrategias solo tienen consecuencias negativas. Al final las cosas salen, y magnificadas. Encima se sabe que los problemas eran conocidos pero no se ha hecho nada por solucionarlos. Y por el camino nos hemos cargado la confianza en las personas y la cultura corporativa. Sin contar con las pérdidas potenciales por las mejoras que no se instauraron en su momento y que llevarían tiempo cundiendo. Comentaba antes lo de las empresas excelentes, pensando precisamente en el Kaizen, la mejora continua nacida en el seno de Toyota. Pues bien, otro de los principios básicos de estas empresas es el foco constante en el largo plazo, incluso a costa de pérdidas en el corto. Otra de las cosas que no hemos interiorizado aun en según qué empresas y según qué entornos.

Y luego a estas organizaciones se les pide que instauren un proceso de innovación (porque, a ver si nos enteramos de una vez en este país, la innovación es un proceso y como tal debe ser gestionado) todo lo que se les ocurre es poner un “buzón de sugerencias” o hacer “concursos de ideas”. Pero a ver quién tiene ideas cuando, durante añós y de forma sistemática, nos hemos dedicado a machacar a todos los que han apuntado un área de mejora (buen principio para la innovación, por ejemplo). Y es que la cultura se acaba comiendo con patatas cualquier estrategia. Así nos luce.

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